Los orígenes de la Biblioteca Juan Régulo Pérez de la Federación Española de Esperanto se remontan a principios de los años setenta, cuando la entonces secretaria de la Federación, Inés Gastón, tomó la iniciativa de reunir los volúmenes que llegaban a la redacción de Boletín para ser reseñados en la revista. Al mismo tiempo trató de aumentar la colección mediante compras y donaciones.

En esa misma época, dos de nuestros socios en Sevilla, Rafael Fiol y Carlos Martínez, hicieron llegar a la incipiente biblioteca más de trescientos libros procedentes de sus colecciones particulares, muchos de ellos editados entre 1904 y 1912, ya de difícil adquisición en el mercado. Se quiso de esta manera estimular la conservación de libros y revistas esperando que algún día pudieran tener una ubicación definitiva.

La segunda parte de la historia tiene lugar alrededor de veinte años después, coincidiendo con la labor de modernización de la sede. Los colaboradores de este período encontraron los libros y las revistas almacenados en los armarios y empezaron a organizar con ellos la biblioteca persiguiendo un doble objetivo: que ésta fuera realmente útil a los socios y preservar nuestra herencia cultural.

La tarea no fue fácil porque ninguno de los colaboradores tenía entonces conocimientos de biblioteconomía y enseguida surgieron un montón de dudas: cómo ordenar los libros cuando aún no se disponía de estanterías y por lo tanto no abundaba el espacio; cómo diseñar una ficha catalográfica en formato electrónico para crear una base de datos elemental; qué sistema de clasificación utilizar que fuera coherente con una colección tan especializada como la nuestra... Hasta la manipulación de los ejemplares más antiguos, muchos de ellos bastante deteriorados, era un problema por su tendencia a deshacerse en nuestras manos y por la cantidad de ácaros acumulados entre sus páginas.

En aquel primer equipo colaboró, entre otros, José Mª González Aboín. Y fue entonces también cuando se decidió rendir homenaje a Juan Régulo Pérez, el editor en esperanto más importante de este país, dando su nombre a la biblioteca.

Al principio el avance fue lento y en muchas ocasiones hubo que rehacer el trabajo, ya que no disponíamos ni de medios ni de conocimientos suficientes para que el esfuerzo fuera productivo. Poco a poco fuimos aprendiendo de los errores y dotándonos de recursos. Actualmente nuestro catálogo se puede consultar en línea y podemos ofrecer otros servicios bibliotecarios a través de nuestras páginas.