Federación Española de Esperanto

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La lengua peligrosa. Las persecuciones contra el esperanto

Que una lengua internacional como el esperanto puede ser algo más que un medio de comunicación neutro, válido para el comercio o el turismo, es algo que se evidenció desde el comienzo del surgimiento del idioma. Es conocido que el principal objetivo del doctor Zamenhof era crear puentes entre los pueblos, aunque su insistencia en las motivaciones idealistas no fuera compartida por todos los primeros adeptos de la lengua.

Pero este carácter internacionalista no pasó desapercibido a los regímenes políticos de la época, algunos de los cuales se mostraron reacios a la difusión del idioma dentro de sus fronteras. El primer conflicto serio se produjo prácticamente al poco de que comenzara a consolidarse un incipiente movimiento esperantista: en 1895 un artículo de Tolstoy reproducido en la primera revista en esperanto, “La Esperantisto”, ocasionó la prohibición de la difusión de la gaceta en el Imperio Ruso. Dado que en esa fase inicial, era en ese país donde se concentraba la mayoría de hablantes del idioma, la resolución causó el cierre de la publicación, y estuvo a punto de matar el propio movimiento.

En otras ocasiones la hostilidad se debió al temor de que una lengua neutral supusiera una competencia a las lenguas francas ya existentes en el ámbito de la diplomacia y la cultura. En los años 20, una propuesta para emplear el esperanto en la Liga de Naciones, propuesta entre otros por el ingeniero español Leonardo Torres Quevedo, fue bloqueada por Francia, que consideraba que ya existía un idioma internacional suficientemente consolidado, el francés.

La persecución en la Alemania nazi

Pero la primera gran persecución se produjo en la Alemania nazi. El carácter internacionalista del esperanto, el hecho de que hubiera sido iniciado por un judío, y la existencia de un importante movimiento obrero esperantista, produjeron la hostilidad de Hitler, que en su libro “Mein Kampf” condenó el idioma, como instrumento de la conspiración judía.

Al poco de llegar al poder, los nazis cerraron los grupos obreros esperantistas, que habían adquirido una gran importancia en los países de habla alemana, y confiscaron sus bienes, incluyendo la principal editorial de literatura obrera en esperanto, Ekrelo. Algunos de los principales activistas fueron encarcelados y asesinados.

El movimiento neutral intentó adaptarse a la situación, asumió algunos de los postulados del régimen, y llegó a expulsar a los miembros judíos. No sirvió de nada. En mayo de 1935, el Ministerio de Ciencia, Educación y Cultura Popular prohibió la enseñanza del esperanto en los centros de enseñanza. Como justificación, en el decreto se afirmaba que el idioma internacional contribuía a la “debilitación de los valores esenciales del carácter nacional”. Poco después la Asociación Alemana de Esperanto fue obligada a disolverse por un decreto de Heinrich Himmler. Toda propaganda a favor del idioma fue prohibida.

Numerosos esperantistas fueron víctimas del nazismo, algunos por sus actividades, otros por su condición de hebreos. Entre ellas se puede citar a los tres hijos del doctor Zamenhof. De toda la familia, sólo la nuera y un nieto, el aún vivo ingeniero Louis Christophe Zaleski-Zamenhof, salvaron milagrosamente la vida. Otras víctimas fueron los escritores Leo Belmont o Israel Lejzerowicz, o el joven checo Petr Ginz.

La hostilidad de los regímenes conservadores

Otros regímenes cercanos al nazismo también mostraron su hostilidad al esperanto. Japón persiguió el movimiento esperantista obrero, y acosó a su líder internacional Eugenio Lanti. Portugal cerró en 1936 los centros esperantistas.

En España el régimen de Franco trató con desconfianza el movimiento esperantista, la mayoría de cuyos miembros se habían decantado por el régimen republicano, y algunos de cuyos dirigentes, como el coronel Julio Mangada, habían sido destacados defensores del mismo. No obstante, a finales de los años 40 algunos esperantistas, principalmente procedentes de círculos católicos, reiniciaron las actividades de propaganda y volvieron a lanzar, con dificultades, el movimiento esperantista local.

Incluso en algunos países democráticos, como Estados Unidos, se produjeron algunos episodios de hostilidad durante el periodo del macartismo, sobre la base del presunto carácter universalista y antiamericano del esperanto. Los incidentes no pueden calificarse de persecución, pero durante algunos años se frenó el crecimiento del esperanto en ese país, y en algunos círculos conservadores se ha mantenido la hostilidad al idioma incluso actualmente.

La persecución en la Unión Soviética

A finales de los años 30, otro golpe, más imprevisto, iba a caer sobre el movimiento esperantista: en 1937 se prohibió la Asociación Soviética de Esperanto, y se encarceló y ejecutó a la mayor parte de su directiva.

El golpe fue imprevisto porque el esperanto había alcanzado un gran auge en los primeros tiempos de la Revolución Rusa, donde se veía como un elemento más del internacionalismo teóricamente promocionado por las nuevas autoridades. Estos esfuerzos no siempre fueron apoyados por las jerarquías del régimen, y de hecho quedaron en nada los esfuerzos por extender el esperanto como medio de relación en el seno de la Tercera Internacional, lo que había sido propuesto entre otros por el dirigente anarcosindicalista español Ángel Pestaña. En cualquier caso, durante los años 20 y comienzos de los 30, se habían organizado numerosos cursos y se crearon clubes en toda la Unión Soviética. Surgió una importante escuela de literatura revolucionaria en esperanto. Se extendió una iniciativa que favorecía el intercambio de correspondencia con obreros de otros países, en parte con fines propagandísticos y de contacto con la base obrera de otras naciones.

El ambiente fue cambiando progresivamente, especialmente tras los conflictos en el seno del movimiento esperantista obrero internacional, y la hostilidad de algunos de sus dirigentes al régimen soviético. Los esperantistas pasaron a resultar sospechosos por sus contactos internacionales, y pronto llegó la acusación de “cosmopolitas y espías”. En los últimos años de la década de los 30, durante el periodo de las llamadas Grandes Purgas, se descabezó el movimiento esperantista organizado, y varios de sus elementos más destacados, como el secretario general, Ernst Drezen, y los destacados escritores Varankin y Mijalski fueron ejecutados. Toda actividad a favor del esperanto fue eliminada, y los contactos con exterior, cortados.

En la prohibición del esperanto desempeñó un papel importante la nueva política de Stalin de apoyarse en el nacionalismo ruso, favoreciendo en la práctica, entre otras iniciativas, la utilización del idioma ruso como elemento de cohesión social. Algunas teorías del propio Stalin, que escribió él mismo diversas obras de lingüística, tampoco favorecían la aceptación de una lengua internacional construida.

Tras la extensión del comunismo a los países del este de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, también la actividad a favor del esperanto fue torpedeada en esos países, aunque el idioma no se llegó a prohibir explícitamente en la mayoría de ellos.

La muerte de Stalin relajó la persecución sobre el esperanto, y poco después se fueron reiniciando las actividades de propaganda y de cultivo del idioma, primero en las democracias populares, y después en la propia Unión Soviética, aunque la fortaleza que había adquirido el movimiento organizado quedó muy lejos de la alcanzada veinte años antes.

El historiador alemán Ulrich Lins ha dedicado parte de su actividad a investigar las persecuciones contra el esperanto. Su libro “La lengua peligrosa” demuestra que algunos regímenes políticos han comprendido bien el ideal de paz e intercomprensión, por encima de barreras étnicas y políticas, que conlleva el esperanto. Desgraciadamente, a algunos ese ideal le causó la persecución, y a veces la muerte.

Toño del Barrio

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